Después de desayunar en el hotel cogemos un autobús que nos lleva después de 30 minutos de viaje a la zona de Belén. Nada más llegar vimos que no íbamos a estar allí solos.
La primera visita que hacemos es al claustro de los Jerónimos donde podemos disfrutar de este claustro con sus impresionantes columnas de estilo plateresco portugués.
De ahí vamos andando hasta la torre de Belén donde tras más de una hora de cola conseguimos subir para disfrutar de sus impresionantes vistas.
A pesar de la cantidad de gente que hay encontramos una terraza donde comemos bastante bien. «Quijadas de Belem». Nosotros unos filetes de lomo de cerdo a la parrilla con huevo y patatas y un entrecot con salsa de ajo. Y nuestros papis un salmón a la brasa y bacalao lagareiro.
Para el postre nos vamos a la fábrica de pastelitos de Belén donde nos tomamos seis ricos pastelitos con café y leche con cola cao.
Volvemos en tranvía al centro de Lisboa donde nos quedamos en la plaza del Comercio viendo como el río Tajo divide la ciudad.
Nos vamos introduciendo a la ciudad y compramos unos recuerdos y para mi papi pasamos por la famosa tasca donde se crea la ginghina (licor de cerezas).
Aquello subimos para la zona del convento del Carmen donde nos devolvemos a encontrar con el espectáculo de magia y esta vez lo vemos entero con los cuatro magos que actúan.
Al acabar nos tomamos unas cervezas en esa misma plaza y decidimos que ya es hora de ir a cenar nos encaminamos por lo alto del barrio y encontramos un sitio quizá el más turístico de todos los restaurantes que hemos visitado pero a pesar de todo no salimos muy descontentos. «Sabor do bairro». Cenamos unos espaguetis carbonara un bacalao a bras y dos bacalaos con nata.
Desde ahí ya subimos andando al hotel por toda la avenida de libertade.