Pues jugando en casa, como otros cientos de veces, salto del sofá a la mesa, de la mesa al sofá, del sofá al suelo,…
Hasta que un resbalón, un fallo en mis cálculos, … hacen que algo salga mal.
Esta vez acaba mi cabeza impactando violéntamente contra el borde de la mesa de madera.
Resultado. Casi nada para lo que podría haber sido.