Pero como nuestros papis y los Navarro-Álvarez se han quedado con más ganas de fiesta, pues nos vamos a nuestra casa a cenar un poco.
Llamamos a un restaurante chino para que nos traiga algo de comida y allí estamos hablando y jugando, los mayores tomándose alguna que otra copa, hasta pasadas la 1 de la mañana.