Después de hacer los deberes me llama mi compañero de clase Miguel, que está jugando en el parque de al lado de casa, que si quiero, que baje. Y así, lo hago.
Estamos un buen rato jugando al fútbol y a un disco volador que tenía su hermanos pequeño.
Pero nos entra sed y nos vamos a su casa a beber agua. Y una vez en su casa, se nos ocurre la genial idea de bajar a bañarnos a su piscina. Y lo hacemos. Estamos un buen rato en el agua.
Hasta que llega la hora de irse a casa a comer. Otro día, cambiaremos de piscina.